lunes, 13 de octubre de 2008

Domingo sin ocaso

Hoy, por azares del calendario, vivimos una prolongación de la fiesta del 12 de octubre, que cayó en domingo. Esto ha servido al menos para no caer en algo muy común a muchos mortales: la melancolía de las tardes dominicales.

El crepúsculo del domingo nos anuncia ya la fatiga del trabajo y la vuelta a la rutina de los días laborables. Por eso en la misa del domingo siempre me ha llamado la atención, y me ha confortado, lo expresado en un Prefacio: "En verdad es justo bendecirte y darte gracias, Padre Santo, fuente de la verdad y de la vida, porque nos has convocado en tu casa en este día de fiesta. Hoy, tu familia, reunida en la escucha de tu palabra y en la comunión del pan único y partido, celebra el memorial del Señor resucitado mientras espera el domingo sin ocaso, en el que la humanidad entera entrará en tu descanso. Entonces contemplaremos tu rostro y alabaremos por siempre tu misericordia. Con esta gozosa esperanza, y unidos a los ángeles y a los santos, cantamos unánimes el himno de tu gloria..." Lo leído anteriormente deja muy claro que el domingo es un día de fiesta, y aunque en la liturgia el motivo es más elevado, siempre que oigo estas palabras no puedo evitar un pensamiento muy humano: no estaría mal que el día siguiente siguiera siendo domingo, que no fuera lunes y no hubiera que levantarse para trabajar.

No hace mucho descubrí que este poso de nostalgia que me dejan siempre las tardes de domingo lo sentía también la pequeña Teresa de Lisieux, que lo expresa de esta forma tan sencilla en el capítulo II de Historia de un alma (es especialmente delicioso este capítulo del libro): "Aquella alegre jornada, que pasaba con tanta rapidez, tenía también su fuerte tinte de melancolía. Recuerdo que mi felicidad era total hasta Completas. Durante esta Hora del Oficio, yo pensaba que el día de descanso se iba a terminar..., que al día siguiente había que volver a empezar la vida normal, a trabajar, a estudiar las lecciones, y mi corazón sentía el destierro de la tierra... y suspiraba por el descanso eterno del cielo, por el domingo sin ocaso de la Patria..." Definitivamente, "la vida normal" no es tan normal, no es nuestro fin.

Bueno, tengo que dejar ya este rincón, dejar todo preparado, ayudar a mi mujer a hacer la cena y acostarme más pronto, que mañana toca bregar en el instituto.

Mañana al menos no será lunes.

1 comentario:

Adaldrida dijo...

Miguel d´Ors habla mucho en sus poemas de la nostalgia del domingo, que él añade a la nostalgia de la lluvia.
Hola, Juanrra.